Este enlace lleva a la publicación del Concurso Purorrelato II de Casa África. Un
relato mío, Meditación, salió tercero; y otros dos, Bicicleta y Fotografías, entre los 50 mejores. Estoy muy contenta.
Muchas gracias a Casa África y a la gente querida que me apoya en este camino poético.
6.2.15
2.1.15
Fuego nuevo
La melena ardiente del tiempo se desliza entibiando el mundo.
La piel seca y escarpada de la Tierra se deja hacer. No puede evitarlo y no lo haría.
Después vendrá el frescor oscuro del tiempo. La piel seca y escarpada de la tierra se dejará hacer otra vez. No puede evitarlo y no lo haría.
A veces, muchas veces, pasan cosas que no dependen de nosotras. La madre naturaleza sabe hacer.
Se puede medir el tiempo pero no controlarlo. Él camina constante arrastrando su cabello, acariciando cada célula planetaria. Sus pies no flotan, avanzan en contacto con la superficie llevando el día y después la noche, el día y la noche, en su melena.
Para las personas el tiempo se mide en años y los años empiezan oscuros, en plena noche. Después se va iluminando y calentando poco a poco. Es el tiempo, el pelo, el fuego.
A veces se nos queda pegado el cansancio de la noche iniciadora, la común celebración del final y la posibilidad. Entonces puede que falte la energía para empezar el día después, la celebración de lo concreto y compartido. Pero el día uno no es más determinante que el veinte o el cien.
Solemos centrar la atención en ese primer día del período medido, solo un espejismo de orden, pero el segundo día ya no cuenta. Habiendo aprendido que lo importante es llegar primero, desmerecemos todo lo que venga después. Acumulamos refranes sobre empezar con buen pie y acabar bien. Pero el tiempo camina igual el día que la noche, el día que la noche.
Rojo y negro su cabello se arrastra sobre arena, piedras, mar y selva, núcleo y humanidad. No pasa de largo por nada. Paso a paso constante, lento, inmutable.
Nosotras enredamos las cosas y las sombras. Y confundimos el ahora con hacer locuras. Cada momento, acariciado por la inexorable cabellera, vale igual que el anterior y el posterior. Así que me desafío a centrarme en el día dos, el minuto ocho, el mes catorce; en todos y cada una de los hebras pelirrojas y morenas. Bailando en corro con la Tierra y sus habitantes, me propongo disfrutar de esa caricia.
La piel seca y escarpada de la Tierra se deja hacer. No puede evitarlo y no lo haría.
Después vendrá el frescor oscuro del tiempo. La piel seca y escarpada de la tierra se dejará hacer otra vez. No puede evitarlo y no lo haría.
A veces, muchas veces, pasan cosas que no dependen de nosotras. La madre naturaleza sabe hacer.
Se puede medir el tiempo pero no controlarlo. Él camina constante arrastrando su cabello, acariciando cada célula planetaria. Sus pies no flotan, avanzan en contacto con la superficie llevando el día y después la noche, el día y la noche, en su melena.
Para las personas el tiempo se mide en años y los años empiezan oscuros, en plena noche. Después se va iluminando y calentando poco a poco. Es el tiempo, el pelo, el fuego.
A veces se nos queda pegado el cansancio de la noche iniciadora, la común celebración del final y la posibilidad. Entonces puede que falte la energía para empezar el día después, la celebración de lo concreto y compartido. Pero el día uno no es más determinante que el veinte o el cien.
Solemos centrar la atención en ese primer día del período medido, solo un espejismo de orden, pero el segundo día ya no cuenta. Habiendo aprendido que lo importante es llegar primero, desmerecemos todo lo que venga después. Acumulamos refranes sobre empezar con buen pie y acabar bien. Pero el tiempo camina igual el día que la noche, el día que la noche.
Rojo y negro su cabello se arrastra sobre arena, piedras, mar y selva, núcleo y humanidad. No pasa de largo por nada. Paso a paso constante, lento, inmutable.
Nosotras enredamos las cosas y las sombras. Y confundimos el ahora con hacer locuras. Cada momento, acariciado por la inexorable cabellera, vale igual que el anterior y el posterior. Así que me desafío a centrarme en el día dos, el minuto ocho, el mes catorce; en todos y cada una de los hebras pelirrojas y morenas. Bailando en corro con la Tierra y sus habitantes, me propongo disfrutar de esa caricia.
8.12.14
Sueño
Sueño.
No tengo miedo.
La burbuja de bilis, asco y fe
sube por las gargantas,
sale
y te explota en la cara.
Baña tus palabras de serpiente.
El vapor ardiente
quema tu indignidad.
Ya no dices con infame cinismo
que no hay más remedio,
que es por mi bien mi mal.
Sueño con no callarse
ni una vez más.
Zarpa gatuna,
la mano nuestra abarca
tu lluvia ácida,
tu azufre y óxidos metálicos.
Abarca, aplasta y frena
tu impunidad.
No puedes tocarnos ya.
Nos pertenecemos.
No tenemos miedo.
"Se acabó", sueño.
Ya no hay miedo.
Ni yo ni nadie
soportamos ya.
Se ve. Tu escudo de alas de mosca
no oculta ni protege.
Las mentiras destiñen sangre ajena.
Tu lengua está manchada.
Tus pupilas, dilatadas de ambición.
Los bolsillos, rotos de llenos.
Se nota que te sobra
de todo menos dar,
menos justicia,
menos verdad.
Y sueño
que tienes miedo.
Somos capaces ya de ver,
descreer,
entender, detener.
No eres ya un enemigo
porque somos más,
muchas más,
las gentes que sabemos
y hacemos por la vida,
justa y verdadera vida.
Sabemos dar y tomar sueño.
Dar y tomar.
No tengo miedo.
La burbuja de bilis, asco y fe
sube por las gargantas,
sale
y te explota en la cara.
Baña tus palabras de serpiente.
El vapor ardiente
quema tu indignidad.
Ya no dices con infame cinismo
que no hay más remedio,
que es por mi bien mi mal.
Sueño con no callarse
ni una vez más.
Zarpa gatuna,
la mano nuestra abarca
tu lluvia ácida,
tu azufre y óxidos metálicos.
Abarca, aplasta y frena
tu impunidad.
No puedes tocarnos ya.
Nos pertenecemos.
No tenemos miedo.
"Se acabó", sueño.
Ya no hay miedo.
Ni yo ni nadie
soportamos ya.
Se ve. Tu escudo de alas de mosca
no oculta ni protege.
Las mentiras destiñen sangre ajena.
Tu lengua está manchada.
Tus pupilas, dilatadas de ambición.
Los bolsillos, rotos de llenos.
Se nota que te sobra
de todo menos dar,
menos justicia,
menos verdad.
Y sueño
que tienes miedo.
Somos capaces ya de ver,
descreer,
entender, detener.
No eres ya un enemigo
porque somos más,
muchas más,
las gentes que sabemos
y hacemos por la vida,
justa y verdadera vida.
Sabemos dar y tomar sueño.
Dar y tomar.
21.11.14
Redes
Debajo de la pila de papeles,
facturas, trámites, formularios.
Adherido al tambor de la lavadora estropeada.
En el autobús de una punta a la otra de la ciudad.
Sepultado bajo una montaña
de noes y quédifíciles.
Confundido entre los pasitos de baile,
uno pa' lante, uno pa' trás
y vuelvo a empezar.
En las arrugas del ceño.
Sumergido en una olla de agua hirviendo.
En la basura, confundido entre las pelusas.
Estupefacto leyendo las noticias.
Siempre lo mismo, esto ya ni sorprende,
Tal vez plantao en el medio de la calle,
cuando vio hacer las cosas mal y que no importa.
Sumido en la desidia y el para qué.
¿Dónde se quedó el gorrión?
Hay tantas redes donde podría estar
enganchado,
paralizado,
desorientado,
temeroso,
herido.
Ojalá no muerto.
21.7.14
Tu beso es así
Si me imagino tu beso, veo un espiral.
Tu mecha húmeda me roza los labios.
Mi cuerpo, cometa encendido, se enrosca en tu torso de lava volcán.
Un caramelo multicolor. Giramos. Mezclados.
Caemos sin llegar a dejar de caer.
Subiendo siempre.
Abarcan tus manos la fuerza que me sostiene.
Contengo en mis yemas el impulso que te alza.
Y no sé qué pasa después.
Sólo veo, una y otra vez, tu beso.
Tu mecha húmeda me roza los labios.
Mi cuerpo, cometa encendido, se enrosca en tu torso de lava volcán.
Un caramelo multicolor. Giramos. Mezclados.
Caemos sin llegar a dejar de caer.
Subiendo siempre.
Abarcan tus manos la fuerza que me sostiene.
Contengo en mis yemas el impulso que te alza.
Y no sé qué pasa después.
Sólo veo, una y otra vez, tu beso.
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