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21.3.20

¿Qué está pasando?

Alguien que conozco me pide: "Tú que eres de esas cosas, escribe algo sobre lo que está pasando". Y creo que lo entiendo, porque ¿qué está pasando?
Me lo he preguntado y lo he preguntado muchas veces. También me lo han preguntado. Vamos ahí las personas cerebrales como bola sin manija tratando de entender, porque entender es una parte fundamental de nuestras vidas.
Y la verdad es que por ahora la única respuesta posible por mi parte es que no lo sé. No tengo ni idea de qué está pasando. A veces recibo una información que me hace sentir que empiezo a vislumbrar algo de sentido, pero no. Conspiraciones para reducir la población, una guerra fría entre China y Estados Unidos, la naturaleza en rebelión, un experimento social, el fin del mundo... todas y ninguna se hacen posibles en mi razonamiento. Mis ideas se mueven locas por mi cabeza y echo de menos a la lógica como al aire fresco. No consigo centrarme y seguir un razonamiento. ¿Os pasa?
Entonces, entiendo que, por ahora por lo menos, mejor no decir nada al respecto. Sigo meditando, leyendo, escuchando, tratando de atar cabos...
Después de unos días en casa empiezo a recurrir a los viejos baúles y encuentro, cubierta del polvo de la vorágine, la convicción de que escribir me ayuda a pensar, arrumbada entre ejercicio y alimentación sana. Intento desempolvar las tres. Hago yoga, bailo, como fruta más que chuches, me siento y escribo.
Me centro en lo que más conozco, que no quiere decir que lo conozca bien, pero es lo que tengo: la comunicación. Me pongo a escribir de forma teórica y tratar de discernir y me enredo de tal forma que quedo atrapada en mi propia telaraña. Lo dejo. Si os contara los kilómetros de palabras que se han quedado ahí, por inútiles...
Mientras tanto, voy al super y a la farmacia, y no entiendo por qué mucha gente amarroca papel higiénico, vinagre, huevos, lejía, alcohol y termómetros. No entiendo para qué, pero compro un termómetro... Y se lo cuento a mi hija para tranquilizarla. ¿Para tranquilizarla?
Nadie sabe nada y todes creemos que hay alguien que sabe y no nos lo está diciendo. Achinamos los ojos, levantamos el cuello de la gabardina y caminamos sigiloses. Vemos señales, indicios, grietas... y seguimos sin saber.
Quiero poner palabras, o que alguien las ponga, a lo que siento y pienso. Leo, escucho, leo más, oigo sin escuchar, dejo de fondo... y sigo.
Me interceptan reflexiones propias y ajenas sobre gente que está viviendo este momento mucho peor que yo, en la calle, en hospitales, en prisiones, en el culo del mundo, en casa con su abusador o su maltratador. Empatizo con todas, me angustio por todas. Me asomo a la ventana, grito, aplaudo, enciendo luces... Comparto lo que puedo de lo que tengo, lo que mi miedo me permite, lo que mi bagaje cultural y mi realidad social me permiten, lo que mi egoísmo me permite. Me siento privilegiada. Pienso que hay algunes realmente privilegiades, mucho más que yo. Y sigo.
Tengo la sensación de que alguien o algo ha dado la patada al tablero que ha sacudido la Tierra y hemos salido despedides del planeta. Hemos aterrizado en, por ejemplo, Marte, y ahora estamos aprendiendo a vivir aquí. Y entonces pienso. Esto ya lo conozco. Hace más de 18 años salí de un continente a vivir a otro y perdí todos mis referentes. Sí, seguían estando allí, pero de otra forma. Tuve que reaprender a vivir. También os digo que, pasado el período de adaptación, llega la normalidad. Pero no es aquella normalidad, es una nueva, con su rutina, sus previsiones, sus constantes, sus diversidades e imprevistos. Una normalidad que incluye el antes y el después, el acá y el allá, quienes éramos y quienes somos. Una normalidad nueva para todes.
Pienso que es muy probable que nunca lleguemos a saber de dónde vino esta patada al tablero, si es que fue una patada o un gesto sutil. Pero, como tantas veces, habrá que juntar los cachos, ver qué sirve y qué no sirve, redescubrir, reconstruir, redefinir... Y desde ahora mismo seguir viviendo, porque este momento de stand by también es la vida, dure una quincena o quince años. Y pienso que nos va mucho mejor si cuando nos ponemos a vivir conseguimos cuidarnos y cuidar, si podemos ser libres y ayudar a que haya más libertad, si comprendemos que juntes podemos más y mejor.

2.9.17

Brindis de resaca

Levanto mi cáliz
y brindo
por la resaca de la luna.

Por la fluida redondez
de su abrazo-cuna.

Por los momentos de luz,
de verdad madura.

Por la insistencia
de los círculos de fuego
brindo.

Y brindo
por la pesquisa feliz
y apasionante,

Por el hígado parlante,
por el cerebro mudo.

Por la falta de respuestas
y la ambición de preguntas.

Por la libertad del tiempo,
por la arena fría
y las faldas que giran
su danza animal
de plenilunio.

Coincidencia

Pasan:
rosas malvón cebollas curry pan
orquesta coches pasos repiqueteos
colores que despertarían arduos debates para ser definidos
refranes reproches quejidos sentencias
ruido
ruido
ruido
ruido

Hasta que tú
sacudes tu esencia ajazminada
elevas mis ojos con tu voz
traes un azul paz a mi voluntad
y cuentas mi cuento en tu boca.

Hasta que yo
contengo en palabras tu sueño
camino despacio y dibujo
el camino a tus pies
encuentro el fondo a tu forma
como andar en bici
después de tantos años.

Un zumbido en el pecho
ser afín al fin
en este hormiguero.

No es la muerte,
no es definitivo.
Allí no acaba nada.
Es el hilo para tirar.

Y me digo
sube tan alto
que sólo se pueda saltar.
Y me digo
sube tan alto
que sólo se pueda volar.

Sin límites

El paisaje a mis pies
desde el acantilado.

Pero no
las rocas arrugadas por el tiempo
exigentes y adustas.
No sus verdes vestidos
a frío y nieve amamantados.

No ellas,
las rocas.
No sus vestidos verdes.
Sino el aire cobijado en su duro abrazo
y extendido al cielo.

A mis pies,
posibles pasos.

Todo su espacio transparente.
Toda su bruma.
Veteado.
Su luna y más.

Mucho más allá aún
puede llevarme el verso
que escribes en mis ojos
que lees en mis labios
sin futuro ni mapa,
sin camino trazado.

1.4.17

Soy mujer

Soy mujer por la relación que tengo con mi útero, por la relación que tienen mis ovarios con las emociones, por la relación que tiene mis emociones con mis pensamientos y decisiones.
Creo que hay muchas formas de ser y sentirse mujer. Mi forma es esa. No sé si esto es aprendida o innata. Sé que algunas mujeres me ayudaron a reconocerme así mujer y sonreír. Otras veces, otras personas me han dicho otras cosas sobre lo que significa ser mujer y no me gustó.
Sé que entre mujeres me siento una más desde la esencia. Sé que entre algunos hombres me puedo sentir afin desde la vibración del pensamiento, pero no soy una de ellos.
No me gustaría dejar de sentirme así, si es que esto significa ser mujer.

Valoro sobre todo la libertad de elegir cómo ser y sentirme mujer.

30.3.17

Influencias

Sonidos.
Aire vibrando en las cañas,
influjos para mi niña.
Sonido de parche.
Para vos, mi vida.
Para vos, cada segundo, lo mejor de mí.
Para vos, el contacto con la realidad,
los sonidos altos y bajos,
este instrumento de tierra y aire.
Para vos, la felicidad,
la paz;
pero también la conciencia.
La certeza de que el mundo es como es.
Me temo, hija, que no puedo dejar de comunicarte
el deber de saber,
lo imposible que resulta volver atrás
cuando sabés.
Para vos, hija mía,
para que descubras el placer único de la acción coherente,
la satisfacción de que duele pero sienta bien, la decisión.
La plenitud de, a veces, no sentirte sola cuando escuchas
de otros labios estas convicciones.

18.6.16

Poema en 2 capítulos


Y cuando la historia
y nuestras historias
que son nuestra vida en la vida
no sean barreras sino puertas,
y cuando el tiempo
y nuestros años
que son del tiempo nuestro tiempo
nos despejen las dudas
y nos despojen de ropas,
tengamos un amor cóncavo.

Abrázate a mí y duerme
que yo descanso en el aire
que sale de tu boca.
Y cuando me distraiga
viajaré a algún sueño
por el simple placer de despertarme
contigo a mi lado.

13.9.15

Apodos

Rara, pervertida, puta,
mental, aburrida, indefinida,
cobarde, valiente, mojigata,
fea, tonta, todopoderosa,
hermosa, Frankenstein, sexual,
inútil, sin sangre, sanguínea,
escandalosa, tímida, buena gente,
condescendiente, dependiente, independiente,
gaucha, alemana, rusa del campo,
inglesa, inmigrante, vasca, argentina,
pija, hippie, cheta, sucia, tibia,
metódica, inteligente, creativa,
nostálgica, romántica, dura,
divertida, torpe, chistontera,
peleadora, manolarga, pacifista,
cuatrojos, miope, visionaria,
cariñosa, buena madre, mala madre,
obediente, rebelde, complicada
he sido y seré, o no habré sido...
según los ojos de quien me ve,
tenga que ver, o no, con lo vivido.

3.8.15

Gata

Vagar nocturna por su territorio.
Lamerse las patitas.
Subir al punto más alto
sólo para mirar el mundo abajo.

Horas para tumbarse al sol.
Un juego frenético de persecución
sólo si tiene ganas.

Dejarse sorprender.
Acechar.
Centrar la mirada en la silueta
que nadie más ve.

Ablandar la cama con las uñas
si hace falta.
Sacar las garras
si ya no quiere más.

Morder cuando hace falta.
Lamer sólo cuando ella quiere.
Dormir dándole la espalda
de pura confianza
cuando haya decidido
traslucir el alma.

2.4.15

Loba en primavera

Hocico ansioso
patas inquietas
aullidos que buscan eco.

Las orejas erectas.
La piel erizada.
Localizo a la manada
que huele igual que yo.

Puede que no sepa quién soy
pero conozco a mis iguales;
sigo mi olfato.

La gente cambia muy poco.
Cambian los papeles,
las gestiones,
las tarjetas,
los correos.

Cambiamos de lugar,
de horario,
de grupo.

La gente, no.

Puede que aún no sepa quién soy
Pero sé con quién no quiero estar.

Y gracias a la madre loba
que habita en mis ovarios
sé con quién quiero cazar
en esta primavera
que pinta el bosque de verdores,
revuelve a los pájaros
y multiplica a los peces.

14.5.14

Efecto photoshop



No hace falta ser feliz para ser feliz, basta con parecerlo. A pesar de lo que nos indica nuestra memoria, esto no es un consejo de autoayuda. Esto es la denuncia de una estrategia que intentan imponernos. Dejo la reflexión sobre los libros de autoayuda para otra vez y no descarto su vinculación con esta idea.
Decíamos: para ser feliz, basta con parecerlo. ¿Parecer felices? ¿Cuál es la imagen de la felicidad? También nos han explicado eso. Mujer feliz: blanca, rubia, de ojos claros, delgada, joven de gestos suaves y sensuales, sumisa y a la moda (cara).
Hombre feliz: blanco, entre joven y maduro, delgado, fuerte, rico, formal y sobre todo poderoso.
Lo perverso del asunto es que la mayoría de estas cosas no podemos elegirlas y otras cuestan muy caro en tiempo, energía, libertad y dinero, por lo que estamos condenadas y condenados a la infelicidad...
Podemos sacarnos todas las fotos que queramos y si nuestro reflejo no se parece a nuestro sueño (al sueño que nos han enseñado a soñar), no importa; para eso está el photoshop y todos los programas de edición. Nombro al photoshop porque ya ha dejado de ser una marca para convertirse en una ideología. Supongo que esto va un poco más allá de lo que pensaban quienes lo crearon (supongo, al menos al principio, ahora no sé). Editoras y editores del mundo han encontrado en este software una herramienta para modificar la realidad.
Lo que vemos a través de los medios de comunicación modifica nuestra percepción de la realidad, modifica lo que pensamos, conforma nuestro imaginario respecto del mundo en el que vivimos, incluso cuando lo que ofrecen los medios es irreal.
Para empezar, durante mucho tiempo ni siquiera supimos que lo que veíamos era falso. Un día empezó a correr la voz: Esa que vez no es Claudia Schiffer. Ese que aparece en la portada, no es Richard Gere. Esa construcción militar en Irak está realmente en China. Ese avión que aparece en la fotografía no estaba en Oklahoma. Esa modelo no es tan delgada. Ese que está ahí es el que aparecía en la revista de moda, aunque no lo parezca.
Se castigaban incluso las imágenes reales: la actriz que sale despeinada a hacer las compras, el empresario que muestra los michelines, la braguita, los pelos en la oreja...
Más tarde, empezamos a ver los procesos de transformación paso a paso, el antes y el después. Aprendimos incluso a realizarlos por nuestra cuenta todas las personas que no vivimos de eso y empezamos a sentir incomodidad ante nuestra propia imagen sin retocar.
Entre el estupor y la indignación escuchamos a alguna modelo quejarse de que su imagen ya no era la propia sino la de otra inexistente. "Ojalá yo fuera como ella", dijo una de sí misma en las fotos (no consigo encontrar la cita para ponerle nombre).
Incluso la palabra fotografía cambió de sentido. No sé si cambió su definición formal pero sí su connotación. Lo que antes era una prueba irrefutable es ahora un efecto, un impacto, un anzuelo, un modelo, un sueño a alcanzar. Es, en definitiva, lo que queremos que sea y, en el caso de las revistas de moda y sociales, lo que queremos ser.
¿Que no somos guapas? no importa. Las fotos están divinas. ¿Que no estamos cachas? No importa. La imagen es perfecta.
Los programas de edición de imagen están siendo utilizados para que nos concentremos en crear una realidad virtual en la que somos felices porque nos parecemos a lo que nos han dicho que debemos ser para ser felices.
Y lo que pasa al final es que nos perdemos. No estamos atentas, activas, presentes y concentrados en el mundo real donde somos imperfectas y esto no nos impide la felicidad real. Esto es lo que resulta más cómodo para quienes no quieren que estemos aquí, en el mundo real, reclamando, exigiendo, defendiendo, ocupando, disfrutando, creando, construyendo, opinando, decidiendo, cambiando.... ¿Sigo o son suficientes verbos revolucionarios?

11.5.14

Ancha

Como erupción de lava ardiendo
el torrente llenará impetuoso
el camino hacia la boca
y te enrollará los párpados
y te sacudirá las barbas
antes incluso de estrellarse
en tu orgullo
de macho
        ignorante
                       bruto.
No me importa que no entiendas,
ni tu cara estupefacta;
o si pretendes reclamar ofensa.
Calla.

Lo único que importa es mi voz.
Y yo,
ancha,       ancha,        ancha...

Por fin,
arrebatada, acalorada, gorda,
libre y feliz.

23.2.14

Look

Me gustan la ropa de hombre, el perfume de vieja, los escotes de puta, el pelo a la garçon, los pendientes hippies y los zapatos de andar por casa.
Cuando uso estas cosas, me siento cómoda, libre, auténtica, feliz.
Se han equivocado. No son de hombre, vieja o puta. No son a la garçon, hippies, de andar por casa...
Son de mí.
Les voy a avisar...

19.1.14

Tres marías

Noche clara y silenciosa
de ventana abierta.
Me asomo y veo,
y me miran,
luna casi llena
y tres marías.

Soledad.
Libertad.
Futuro.
Nos vemos las caras.

Luna asiente.

No sonrío.
Escucho.
Silencio más que nada.
Ganas de precipitar el tiempo.

Cuatro puntos cardinales
marcan la equis:
Aquí y ahora.

He de quedarme y ser.
Sobre todo, estar
presente.

La lección nocturna
empieza.

Luna asiente.

10.11.13

Me gusta que me escuches

Yo pienso muchas cosas. Todo el tiempo estoy pensando. A veces pienso más con la cabeza y a veces más con la tripas. Pienso con los ojos, los ovarios, los pies y las manos.
Y siento, intuyo, atisbo muchas cosas también. Con cada parte de mi cuerpo, incluyendo mi cerebro. Soy así. Y me gusta tener tantos sueños, ideas, pensamientos y sensaciones dando vueltas. Yo qué sé. Soy así.
Por ejemplo, muchas cosas siento y pienso del lugar en el que vivo. Y me pregunto, y me propongo... Incluso a veces las cuento.
En ese remolino, también me acuerdo, de golpe, que soy inmigrante. Porque es algo que sé, que está siempre ahí pero como por detrás. Es como cuando te das un golpe en el dedo meñique de la mano izquierda, o la derecha, la que menos uses. Te duele. Entonces vas buscando hacer las cosas sin usar ese dedo. Agarrás el vaso sin tocar con el meñique. Te secás con la toalla haciendo más fuerza con la mano derecha. Pasás con cuidado la manga del jersey para no rozar el dedo... y poquito a poco te vas olvidando de que lo estás haciendo. Y vivís con tu dedo meñique magullado sin darte cuenta de que te duele.
Pero de pronto, alguien habla de dedos meñiques, o te rascás la cabeza y te duele el dedo. Y te volvés a acordar. Y decís: “Ah, cierto que me había golpeado y me dolía”.
Algo parecido me pasa con lo de tener pasaporte extranjero. En otro lugar sería pasaporte, sin más. Acá, es extranjero.
Por ejemplo, a veces me pongo a hablar de los partidos políticos, habla de los mayoritarios y de los que sueñan. Habla de los que mandan y los que podrían tener la posibilidad de gobernar. Normalmente, conversamos sobre ello, no hablo sola. Y la otra persona también opina, reflexiona y comenta. Y de pronto me pregunta: ¿Y tú a quién has votado en las últimas elecciones? Y ahí, ¡bum! De golpe vuelve a mí la conciencia del pasaporte. Y tengo que responder: “No, yo no voto. No puedo votar, soy extranjera y sólo voto en las europeas y las municipales. Pero esas sí voto ¿eh?”. Es habitual que la otra persona se sorprenda, indague más y entonces ya no hablamos de la política de los partidos. Hablamos de la política de las personas, de la participación de derechos y, claro está, de inmigración. Y justo cuando debería ser más persona, soy inmigrante. En el buen sentido, ¿eh? Quiero decir, no me tratan mal. De hecho, es muy probable que la otra persona se indigne conmigo y nos unamos en la convicción de que hay mucho por hacer. Pero ya volvió a dolerme el meñique.
Otras veces, hablo por ejemplo de la ciudad donde vivo hace más de once años. Comento las ventajas y desventajas de vivir aquí, o los cambios en el paisaje urbano; recibo visitas a las que sirvo de guía como cualquier otra lugareña; oriento a alguien que quiere llegar a algún lugar... Y me siento una más o una menos, según el caso. Pero desde luego, parte de la ciudadanía. Pero de pronto, como un fogonazo de lucidez, cruza por mi cabeza otra ciudad, mi ciudad natal, el barrio en el que me crié, la casa donde nació mi hija, a 10.000 kilómetros de acá. Y recuerdo que no siempre fui de Bilbao. De hecho, fui de muchos sitios antes de ser de acá.
Cuando me pasan estas cosas me quedo bastante desconcertada y sin saber cómo sentirme. Por momentos, incluso puedo llegar a sentirme inhabilitada para opinar sobre algunas cuestiones. Y eso no está bien.
Pero más allá de localizaciones geográficas y sociales las personas hablamos de otras cosas. Por ejemplo. A mí me apasionan otros asuntos, como la comunicación, las relaciones de género y la paz. Y escribo y pienso y siento mucho sobre todo ello. Y me entusiasmo, opino, contesto...
Pero el otro día, de pronto, ¡zas! Me invadió una sensación extraña, como de no estar siendo transparente con la gente que leerá lo que escriba, como esa gente que te ofrece para firmar un contrato sabiendo que hay cuestiones que no han sido aclaradas y podrían perjudicarte.
Hace tiempo trabajo en el desarrollo de una idea que vincula estos tres temas: comunicación, género y paz. De momento, trabajo en ella por lo que todavía no puedo explicarla muy bien. Son cuestiones más bien universales, en el sentido de que afectan a todas las personas en el planeta, seamos o no conscientes de ello. Todas nos comunicamos. Todas nos relacionamos con otros géneros y con el nuestro propio. Todas necesitamos paz positiva para vivir bien. Y a mi me gusta reflexionar con todos los sentidos sobre cómo se relacionan esas tres realidades.
Y en eso estaba cuando me asaltó una incomodidad moral como de “Pero yo no avisé que soy inmigrante.¿ Y qué tengo que estar opinando yo de estas cosas y proponiendo ideas a la gente que nació acá y que lleva toda su vida acá si no soy de acá? ”. Me sentí desautorizada una vez más.
Volví corriendo a lo trabajado para releerlo y ver cómo podía hacer para ser sincera de verdad y descubrí dos cosas.
La primera fue que ya estaba en ese texto reflejada mi condición de inmigrante. Que es tan parte de mi que lo incluyo sin siquiera darme cuenta de que lo estoy haciendo. Incluso, aunque no lo dijera estaría allí, porque yo soy inmigrante. Pero además, está explicitado en ese trabajo. Esto más que un descubrimiento es un recordatorio, algo que siento necesario volver a aprender muchas veces.
La segunda cosa que descubrí fue que ese prejuicio, esa autodesautorización, era falsa. ¿Qué tiene que ver ser inmigrante con poder opinar? Ahora me río pensando en lo ridículo de mi incomodidad, de mi temor de no ser auténtica y veraz en mis opiniones si no advierto de mi condición de inmigrante. De hecho es tan ridículo que antes de escribir tendría que anunciar que soy inmigrante, pero también que soy mujer, que tengo 38 años, que soy madre, que soy periodista aunque no trabajo de ello, que vivo donde vivo y con quien vivo, que tengo trabajo, que no sé cocinar, que me gusta escuchar a Fito y Fitipaldis y a Fito Páez... vamos, un sinsentido.
Creo que realmente todas esas cosas y muchas más son condicionantes de quien soy, pero ¿por qué no me siento obligada a avisar de eso y sí me siento obligada a avisar que soy inmigrante?
Supongo que por la sensación de cómo serán recibidas mis palabras si digo “soy inmigrante”, que no es lo mismo que decir “no sé cocinar” o “soy periodista”. Quizás si dijera “soy mujer” también podría pasar algo parecido. Bueno, en general, tendemos a sacar conclusiones precipitadas de datos parciales y, lo que es peor, a tomar decisiones en base a esas conclusiones.
Pero como iba diciendo, esa sensación de una recepción diferente de mis palabras es, por supuesto, una construcción mía. Una construcción que yo hago en base a un montón de factores propios y ajenos; entre ellos, una inseguridad no resuelta y también las respuestas que ya he recibido en ocasiones anteriores al decir “Soy inmigrante”, o “Soy argentina”, o “Tengo pasaporte extranjero”.
Y sabiendo que no es lo mismo decir que no decir, lo primero que pienso es que no es obligatorio avisar. De hecho pienso que si no lo digo puede que consiga más atención para mis ideas, una atención que no se dispersará en el hecho de que como soy de otro sitio tengo otras ideas y que cómo hablo y todo eso. No, no es obligatorio avisar y puede que sea útil camuflar esa condición, pero sólo a corto plazo.
Porque pienso que es bueno que las personas nos vayamos acostumbrando a pensar y sentir que es bueno escuchar ideas diferentes de gente diferente con ganas de hacer cosas buenas, participar y opinar. Es importante que nos acostumbremos al ejercicio de incorporar la diversidad y mezclarnos. Y es bueno porque salen cosas nuevas.
Por eso, vuelvo a pensar, a sentir, a emocionarme, a creer y digo: “Soy una mujer inmigrante, tengo algo para decir y me gustaría que me escuches”.

3.11.13

Todos para uno

“Eres muchos hombres. Todos están en ICON”. Este es el eslogan con el que se anuncia el lanzamiento de un producto “nuevo”, una revista masculina de un periódico nacional. La revista todavía no se ha estrenado, hay que esperar al próximo jueves, me carcome la ansiedad...
El anuncio de formato “rompepáginas”, incluido en el suplemento literario de los sábados atrae mi atención y me animo a pensar y escribir.
La imagen elegida para este anuncio es la de un hombre blanco, anglosajón, delgado en edad madura. Hombre recio y con personalidad propia. Es de clase acomodada, fino y elegante. Y muy serio. Porque los hombres hablan de cosas serias e importantes, ya se sabe. Mirada al infinito en plan épico. Ropa negra (serio, responsable, duro). Fondo difuso, sólo una luz difuminada para destacar los rasgos severos de la cara masculina.
¡Qué diferente a las revistas femeninas! Incluso las del mismo diario. Esas con portadas y páginas llenas de color y protagonizadas por “muñecas” jóvenes, guapas y sonrientes, sin personalidad propia.
El anuncio de ICON es en blanco y negro, el único color añadido es, por supuesto, el azul, para destacar la fecha del primer número de la revista y el hecho de que es “nueva”.
No hay más información. No se anticipa el contenido de la nueva revista. El único objetivo parece ser la identificación de los hombres. Habrá que esperar al próximo jueves que sale el “Nº1” gratis con el diario...
Le pregunto a mi hija de 14 años qué ve en ese anuncio. Lo primero que dice es que “es un anuncio de un perfume”. Supongo que esto se lo sugiere el aire conceptual del anuncio, que no ofrece nada concreto, sólo una sensación.
Dice que el hombre que aparece en la imagen tiene “pinta de violento, mirada de psicópata”. El hombre se cruje los nudillos como anticipando el golpe.
Le pido más observación y me habla de que el hombre tiene una “actitud de superioridad monetaria”, como diciendo “Soy más que tú”.
Creo que esta última frase es de gran acierto. No podría explicarse con más claridad. Estamos hablando de un ícono, un modelo, un objetivo a alcanzar: el éxito. El nombre elegido para este producto es ICON, ícono, representación, signo semejante al objeto representado.
Recapitulemos:
- Anuncio rompepáginas: imponiéndose, mandando sobre el diseño a toda la página.
- El hombre, el modelo, el canon del éxito, en el centro de la imagen, único, magnífico, destacado.
- Referencias constantes al número 1 en el texto. La I (1 en números romanos) del logotipo de la revista, contiene el nombre del periódico. Todas son referencias al macho alfa, el número 1 (el primero, el mejor).
Me atrevo a arriesgar que buena parte de las páginas estarán cubiertas de anuncios de coches, relojes, productos tecnológicos, y puede que moda masculina, productos cosméticos y perfumes para hombres.
El anuncio se completa con un auspicio de Alicante, puerto de salida de la vuelta al mundo a vela. El deporte, otro tópico.
Después de pensar estas tres o cuatro ideas fundamentales, esa supuesta diversidad anunciada en el eslogan, “Eres muchos hombres. Todos están en ICON”, empieza a tomar un nuevo cariz. La idea subyacente para mí es la siguiente: “Si realmente eres un hombre diferente, no te preocupes; ya nos encargaremos de traerte de nuevo al buen camino. Consume lo adecuado. Consume lo correcto y serás exitoso. Serás feliz. Y nosotros seremos ricos”.
Entonces, me dirijo al sitio web del periódico en busca de más pistas. En el artículo que anticipa la publicación, se confirman algunas previsiones.
Ahí nos informan que se trata de una publicación mensual de moda masculina. Podrá ser gratuita o de pago, según se quiera.
Allí se habla de “un hombre Icon”, con el que el equipo de la revista etiqueta a quienes considera merecedores. James Franco, portada del número 1, es un actor, sí, pero sobre todo es un hombre ambicioso, con inquietudes multidisciplinares “con las que comulga la cabecera”.
Este producto importado de Italia, se anuncia como una “empresa” que nace “de la falta de complejos, de una buena ración de épica y romanticismo, y de una idea: plasmar desde la óptica masculina ese concepto tan desdibujado al que llamamos estilo”. Icon definirá “estilo”.
El director, Lucas Arraut, asegura: “Renunciamos al estándar clásico de masculinidad, queremos abrazar las más diversas masculinidades”. ¿Están intentando ajustar el canon tradicional a los tiempos de crisis? ¿Y cual es la diferencia?
Arraut dice: “No nos incomoda el carácter prescriptor de las revistas de moda y tendencias, es más, nos gustaría ser una guía sensata al mundo del consumo, sin complejos, pero si algo se ha devaluado estos últimos cinco años es la idea del estatus asociado al despilfarro: esa idea tan de los años dosmil de revista para millonarios o para los que creen estar a un paso de convertirse en uno. No es solo por sensatez, nos parece más atractivo y contemporáneo reivindicar el consumo inteligente, la compra con cabeza”.
La primera imagen, no habla de cambios, sino de más-de-lo-mismo. Que baje un poco el precio, no cambia nada. Un nuevo intento de presentar como novedad, lo preestablecido, lo sabido, lo que debe ser.
En el artículo online, se anticipa una página de Club, la pequeña guía ilustrada de la elegancia masculina. El aspecto de esa página es el de una revista de los años 50. Allí se analiza el estilo de vestir de Pep Guardiola, al que califican en el mismo titular como “Prácticamente perfecto”. Un hombre, deportista, exitoso, millonario, en edad madura, guapo, vestido de traje, mirada al frente. Un auténtico “hombre Icon”.¿Novedoso? Poco, ¿verdad?.
En el artículo se hacen referencias al mercado de la moda masculina. Los hombres siempre hablan de economía. Pero el redactor jefe se atreve a acaparar todo el mercado: “Aunque esperamos que la revista atraiga también a las mujeres (…) Y no solo porque ellas puedan sentir curiosidad por lo que piensan o desean los hombres, sino, simplemente, porque ellas están sentadas en el asiento de al lado, y hoy nos turnamos el volante”. Coches con mujeres en el asiento de al lado...
En fin, que no he podido resistirme a este obvio análisis ni a la consiguiente advertencia de que no hay nada nuevo en esta novedad excepto, acaso, un nuevo intento de disfrazar el mensaje.

11.10.13

Desmedida

Estoy en una  fase de "así no". Esto significa: "No sé cómo. Pero sé que así, no".

Yo no sé si es que el mundo no está a mi medida o yo no soy a la medida del mundo. Me siento dispar, agotada, desmedidamente pequeña.

Voy a otro ritmo, mucho más lento, mucho más inocente, mucho más transparente.

¿Tan equivocada estoy por querer jugar limpio y esperar lo mismo del resto de la gente?

No quiero dobleces. Creo que nos distancian y crean costras duras como callos entre las personas.

No puedo hacer las cosas perfectas, contrarreloj y compitiendo con quien es igual a mí. No me interesa ser exitosa mientras el éxito siga midiéndose en réditos económicos. No quiero poder por poder. Quiero poder hacer cosas. No me interesa ser la mejor, y mucho menos ser el mejor. No me atrae ganarle a nadie.


Me gustaría que nos cuidemos y nos tratemos bien. ¿Soy muy infantil? ¿Es infantil eso de querer cuidar y ser cuidada? ¿O es de gente que quiere sentirse bien y hacer sentir bien? ¿Me engaño si me decanto por la segunda opción?

Mi lectura es, sencillamente, que vivimos en un mundo organizado hace mucho tiempo en beneficio de unos pocos y en perjuicio de la mayoría. Y que si para sostenerlo hay que pisar cabezas de mujeres, negros, indios, homosexuales, pobres y débiles, esos pocos están dispuestos a hacerlo. Leo también que somos muchas veces cómplices sin darnos cuenta, por no ponernos a mirar un poquito lo que hacemos.

Eso de pisotear incluye la felicidad y el placer que podría significar el hecho de vivir de otra manera.

Y por eso siento y pienso que este mundo no está pensado para mí. No soy de esos pocos. Me resisto a ser útil a ese juego. Y así me va.

5.11.09

¿Qué hacemos?

Tu pie junto a mi mano
tu mano sobre mi hombro
tus ojos en los míos en los tuyos
mi voz en tu garganta
tu piel en mis dedos
las cabezas juntas
la sonrisa seria
y una pregunta
¿Qué hacemos?
¿Qué hacemos con este lío?

Si yo escalo tu espalda con mis codos
si tu lengua humedece mi oreja
si enredamos los brazos con las piernas
puede que tampoco pase nada
puede que podamos poder
pensar en algo
¿Qué hacemos?

Si subís tu pecho a mis rodillas
si descanso la sien sobre tu falda
si miramos hacia afuera quietamente
escudriñando el pasado y el futuro
tal vez veamos una sombra
una luz un resplandor
¿Qué hacemos?

Podría gritar y sólo sé huir
podría abrazarte fuerte fuerte
pero sólo me sale llorar.

Confundís voluntad con realidad
confundo intenciones con verdad
estamos juntos intentando
estar juntos intentando
pero no es suficiente
parece.

Y te miro y sé que me querés
y te escucho y te creo cada gesto
y no hay manera de que todo
se confunda en una forma y nada más

Si vos sabés que lo doy todo porque sea
pero también sabés que nada sirve

Si yo creo que algún día vendrás
a golpear la puerta de mi casa
para decirme lo que quiero escuchar
con tu sonrisa más grande que la mía
sabiendo que me harás feliz.
Pero ya ves, no es suficiente.

No sé que falta
no sé que sobra
No sé por qué no podemos acomodar
las cosas en la caja
las sombras en la pared
tu mano sobre mi mano
tu boca sobre mi boca
mi cuerpo contra tu cuerpo
y un futuro y un presente
y una sola realidad.

2.11.09

A dos manos

Lo decíamos hace un par de días en charla de amigas. Las personas hacemos complicado lo simple. Y si no, escuchen: Pablo Milanés.