9.6.13

Composición. Tema: La vaca

Seguimos con las contradicciones...
La semana pasada, se descubría un documento en el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) admitía que las medidas tomadas en Portugal o Grecia fueron excesivas y no tuvieron los resultados esperados. Es más, que tanta austeridad fue dañina, mucho más de lo que se esperaba. O sea, que se esperaban daños colaterales, pero no tantos ¿?... Y lo que es peor: que el rescate que Grecia recibió de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el propio FMI, benefició más a la Unión Europea (UE) que a Grecia.
La UE no admite dichos "errores" referidos por el FMI y defiende lo decidido y actuado. De todos modos, del FMI ya se conocen los éxitos obtenidos con su apoyo: Las famosas deudas externas latinoamericanas y africanas.
Tantas siglas en el medio pueden marear pero es importante leer con calma. Sobre todo quienes no somos, ni mucho menos, expertas en economía macro. Pero la cuestión es que hay, como poco, serias dudas de las medidas de ajuste, austeridad y recorte tomadas recientemente en Europa.
Pues resulta que la misma semana pasada (apenas dos días después), en España se estudiaba implantar medidas similares a las mencionadas, según lo recomendado por un comité de 12 especialistas creado a instancias del Gobierno central. Comentario al margen pero igualmente relevante: La única mujer que forma parte de la comisión es Mercedes Ayuso, profesora de Econometría y Estadística en la Universidad de Barcelona. La acompañan 11 hombres de distintos ámbitos académicos.
El comité, al que algunos medios incluso llaman "grupo de sabios" (vaya una a saber por qué) ,propuso una reforma de las pensiones que sería aplicada en el Estado aún con más dureza que lo que se hizo en Grecia y Portugal.
El grupo de expertos+experta adjuntó a la propuesta una lista de países que ya habían aplicado esta propuesta, supongo que a modo de estímulo engañoso: Suecia, Alemanaia, Grecia, Portugal e Italia. Lo que no pensaron es que eso era una trampa en sí misma.
En El País se dice que las fórmulas que se manejan ahora en España "pueden afectar negativamente no solo a las futuras pensiones, sino también a las actuales".
Evidentemente, yo no me comunico directamente con economistas de ese nivel tan elitista. Sé de ellas y ellos (más que nada ellos) a través de los medios de comunicación como la mayor parte de la gente.
Los medios de comunicación masiva nos van contando la noticias una detrás de otra envueltas en celofán como si se tratara de trozos de carne en la cinta transportadora de un frigorífico. Todas pertenecen a la misma vaca, pero nos las ofrecen diseccionadas, como si fueran cosas independientes.
Con la misma intensidad denuncian los errores (o apuestas) del pasado que ensalzan y justifican con entusiasmo las medidas futuras. Y podría pasar desapercibida la incongruencia si nos mantuvieramos como público pasivo receptivo no crítico.
Pero si nos tomamos el trabajo de unir las piezas, ¿qué nos sale? la vaca entera que están tratando de colarnos de a cachitos.

11.4.13

Y seguir.

La posibilidad de insistir es un don que nos mantiene vivas.
La posibilidad de rectificar es un don que nos permite disfrutar de la vida.

Sin calidad no hay periodismo



Lo dice ella, Natalie Nougayrède, la nueva directora de Le Monde: “Sin calidad no hay periodismo”. Hay publicaciones que hacen más daño que el silencio, digo yo. Sé que me estoy exponiendo en este momento a un alto riesgo de ser malinterpretada. Soy consciente de que mis palabras sonarán alarmantes en muchos oídos unidos a cerebros poco afinados. Pero es un riesgo que decido correr porque creo que hay una verdad no dicha, que así lo merece.
No hablo de censura, ni de que aquellas voces que siempre estuvieron calladas lo sigan estando. Todo lo contrario. Creo que por una vez, el silencio puede ser un espacio que se llene de verdades novedades, verdaderas noticias. Que lo que no tenemos por costumbre oír llegue a nuestros oídos. Puede que al principio suene a chirridos, pero la música está allí.
Para ello, hablo de callar a veces, cuando hace falta. Hablo de no hablar de más, sin pensar, sin medir las consecuencias. De no repetir, por repetir, que “ya llega el verano”, “ha vuelto a nevar”, “qué buenos somos y qué mal lo pasamos”, “y qué terriblemente malos son los otros por lo que se merecen lo que les caiga”.
Una vez más creo que a muchas personas nos sobran los minutos para ver nuestros nombres impresos cuando decidimos firmar ciertas obras; y en cambio nos falta las horas par medir qué pasará con eso que hacemos, para qué y por qué lo hacemos. A quién beneficiamos y a quién perjudicamos.
Hay consecuencias insospechables. Pero desde luego, hay algunas consecuencias muy evidentes -reproducidas una y mil veces a viva voz- que elegimos, con plena conciencia, ignorar. El arte de la propaganda es viejo y conocido. Una persona que  haga uso de un espacio mediático intoxicada por el pandemóniun hegemónico de los medios, es alguien que más, o igual, valdría vendiendo camisetas con logotipos a todo color.

6.4.13

10.3.13

¿Es tarde?

Hoy escuché en la radio que un escritor decía: “Empecé tarde, a los 30”. ¿Qué es tarde? ¿Cuál es el momento de decir “quiero escribir”, “quiero pintar”, “quiero estudiar ciencias, o “quiero aprender a bailar”? Probablemente tiene más posibilidades de ser bailarín de primera línea alguien que empiece a los 8 que alguien que empiece a los 40. Posiblemente se tenga más posibilidades de ganar dinero empezando con algo antes que después, pero ¿es el éxito social la medida de nuestra felicidad? ¿Lo es el dinero, tan valorado en la sociedad actual?
Si necesitamos ese reconocimiento para ser felices, puede que no hagamos casi nada, que no corramos riesgos y que nos limitemos a esas actividades que sabemos suelen gustar y podemos desarrollarlas sin inconvenientes. Los mandatos sociales de lo que es el éxito tienen mucho que ver con esto, con gustar, con ser felicitados y felicitadas por hacer lo que la mayoría cree que está bien.
Y ¿cómo podemos tener la seguridad de que estamos eligiendo libremente?
Ahora, yo me pregunto, ¿no es un poco injusto quedarse sin aprender a bailar, o a escribir o a caminar sólo porque no llegaremos a ser eminencias? ¿No nos merecemos la oportunidad de experimentar aquello que creemos que nos dará placer o nos da curiosidad?
Es momento de pensar qué es lo que más me satisface: lo que opine el resto o lo que opino yo.