29.4.18

Manada feliz


Somos mujeres modernas. Hemos adaptado nuestra identidad al lugar que nos dejaban para triunfar: encontrar un buen marido y fundar una familia.
Hemos reclamado nuestro derecho a descansar en casa y a no tener tantos hijos como dios y nuestro marido decidan.
Hemos salido a trabajar fuera de casa, cobrando, añadiendo horas a la jornada ya llena.
Hemos decidido no casarnos, no tener hijos para equilibrar la balanza, para centrarnos en nuestra carrera profesional, porque no había nadie dispuesto a compartir la tarea.
Sí, nos hemos apuntado a la carrera. Hemos jugado al juego. Y hemos sido excelentes profesionales que ganaban mucho dinero, sin que nadie nos descargara de la responsabilidad de la familia.
Hemos pedido entrar en la norma de las palabras, hemos reclamado nuestro derecho a ser visibles en el diccionario. 
Hemos elevado la voz para decir que no a todas nos gustan los hombres y que, por favor, eso no sea ilegal.
También nos hemos hecho expertas en un mundo de especializaciones. Expertas en ciencia, arte y economía. Expertas en defender nuestros derechos desde los púlpitos académicos. Hemos adaptado nuestros saberes al saber oficial.
Hemos seguido las reglas, hemos respetado los acuerdos, hemos adaptado nuestra lucha por los derechos a todas las normas del capitalismo y el patriarcado. Hemos sido conciliadoras, muy conciliadoras, las más conciliadoras. Hemos explicado por qué y por qué no tantas veces... a tanta gente... tantas veces a tanta gente sin ganas de entender...
Y hemos visto que no servía, que sólo era para mantenernos entretenidas mientras seguían a su aire, conquistando el mundo a su manera.
Entonces nos reunimos en manada, nos vimos juntas y felices, nos lamimos las heridas, aullamos a la luna, al miedo, al asco, a la Pacha Mama en peligro. Y hemos salido a recorrer el mundo que también es nuestro hogar. Y hemos compartido atardeceres y alimento con otras manadas que estaban dispuestas a compartir, manadas de todos los pelos, plumas y colores. Y hemos jugado juntas y hemos disfrutado juntas.
Y ya hemos decidido que no estamos y no estaremos solas.

2.9.17

Estado de sitio

Estado de sitio.
Mi sitio.
Estado de éste es mi sitio:
ilusión.
He estado
en este estado
antes
y sé lo bien
que me sienta.
Lo bien
que me siento
aquí,
en este sitio,
en este estado:
ilusión,
mi sitio.

Me pido

Que el viento de la carretera no me vuele los sueños,
que las luces de la ciudad no deslumbren mi fe,
que la urgencia de los relojes no retrase mis planes importantes,
que el miedo a hablar no amordace mis verdades,
que las alarmas no me impidan escuchar las palabras de mi gente,
que la pantalla del móvil no me oculten los ojos de mi hija,
que las cacerolas y los cepillos no acaparen mi tiempo,
que no olvide que quien más ladra es quien más teme,
que no olvide que quien más manda menos sabe,
que nunca, nunca, nunca, el dinero sea más que las personas,

en mí.

Siempre

Permaneceré
tranquila y confundida
hasta que vuelva
a asaltarme la urgencia.
Un día más de gracia
a mi favor.
¿Ves? Si siempre
vuelve a salir el sol.
Haga lo que haga.
Piense o no.
Llore o no.
Me cubriré
aturdida y expectante
bajo la manta
y veré que todo pasa.
Suena el despertador.
Vuelve a ser lunes.
Se puede seguir
andando sin vivir.

¿O acaso
estoy mintiendo?

Levi

Mi gata huele a galletas maría. Lo sé porque se deja besuquear el cogote y aprovecho para olerla.
Conoce todos mis rituales, incluso aquellos que todavía yo no sé que lo son.
El momento de salir: el abrigo y las llaves que descansan en la jirafa. Bueno, en realidad es una cebra, pero un día me pareció que era una jirafa y así se quedó. Justo antes de dormir: una oportunidad para meterse en el armario cuando doblo la ropa. Me ha demostrado que soy mucho más previsible de lo que imaginaba.
Mientras inauguraba mi agenda del año próximo, se ha comido la cinta marcapáginas, como queriendo decir: menos planificar y más hacer. "Vive el presente, tía". Eso me dijo mi gata.
Ahora mira la pantalla mientras escribo. No mira mis manos, mira las letras que se van dibujando en fila. Debe ser miope porque se ha acercado para ver mejor.
El resto del tiempo, descansa en mi regazo y desde allí ve pasar la vida. Es una gozada su cuerpito caliente y suave, pero me inquieta pensar que su universo será siempre y sólo esta casa. ¿No podría ser diferente? ¿Qué será lo mejor? De una vida de riesgo y muerte temprana ha pasado a la seguridad más que probable de un apartamento de 56 metros cuadrados. No se la ve mal, se la ve a gusto. Quizás su pronóstico de muerte accidental le enseñó a pensar sólo en el presente...quizás por eso mordía la cinta de mi agenda.
Todo es un juego para ella y es muy curiosa; pero prefiere la compañía al juego. Por eso ahora descansa en mi regazo, se deja mimar y pide más todo el rato. Busca el sol y los lugares tibios y blandos.
Quizás este pequeño universo precedible le dé seguridad para iniciar sus ejercicios acrobáticos hasta la parte más alta de las librerías: una vista panorámica y algo alejada desde la que puede contar las cosas tal como las ve.