19.3.09

Gracias

Gracias a toda la gente que me hace un hueco en su vida, desde donde están.
Me siento querida y feliz.
Gracias

De algodón

Soy como de algodón.
Blanda,
desmenuzable,
absorbente...
¿un poco sosa?
Soy desmenuzable
desmigajable
desgarrable
destripable
desmantelable
descelulable
Desble
endeble
permeable
sensible
batible
tratable
amable
visible
temible
y traslúcida.

8.3.09

Otro, el primero

Lo leí hace unos 18 años, en el patio de mi colegio. Me emociona comprobar que ya era la mujer que soy, que sigo siendo, y que espero ser cada vez más.
Fue además, lo primero que leí de Gioconda Belli, una de mis influencias evidentes.

Yo hubiera querido inventar la magia
de hacerte crecer un ramo de begonias
en medio del pecho;
y hubiera querido, quisiera,
inventar un modo para que tus ojos sobre los míos
derramaran alas de ruiseñores
y un espeso, ensordecedor torrente de miel.
Hubiera querido, quisiera,
despertarte Adán frente a la única Eva posible del mundo
y quizás soñar que constante dibujas
la silueta de mi recuerdo sobre la arena.
Yo quisiera convencerte de que el horizonte
puede abrirse como un inmenso telón
desde donde asomarnos al borde de otro Universo
en que la intensidad de un girasol
puede encender los pétalos del día.
Quisiera que mi mágico sombrero
provocador de ilusiones y tiernos deseos
-irresponsables y atrevidos-
fuera como un plato común
donde los dos alimentáramos la sonrisa.
Quisiera transformar tantas cosas;
distancias mudas cerrándome las puertas
de cálidas horas interminables.
Y por querer lo que quiero
ando soñando dulcinea mujer
quijote sopladora de molinos de viento
sin redención para el amor,
amando sin brújulas,
ni instrumentos que detengan mi rumbo de pájara,
enamorada, del sonoro, dulce huracán de tu palabra.

Gioconda Belli

Otra vez 8 de marzo

Y sí, tenía que ser mi nicaragüense preferida, Gioconda Belli, quien expresara mis ideas en este 8 de marzo.
A todas, y a mi hija en especial, gracias por luchar como luchamos las mujeres: creando, construyendo.

Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceo con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

1.3.09

No pares jamás...

Eso me dijiste una vez, Dreamer: "No pares jamás". ¿Y sabés qué es lo peor? Que a pesar de todo te hago caso. Que no soy yo la sigue en movimiento, sino mi corazón lobuno.
Aunque quisiera, no podría parar.
¿Sabés que me gustaría? Cruzarte en mi camino.
Te he vuelto a releer, he vuelto a releerme. Sigo siendo yo y creo que también vos.

No salgo de mi asombro

Empezaré hablando de corazones tristes, desilusionados, crédulos e ilusos.
Sorprendidos de descubrir que las nubes blancas eran de humo.
Desconfiados. Solos.
Desearía que fueras ya un olvido de mis emociones;
pero sigues siendo recuerdo, tan presente que duele sentir.

Te cuelgo interrogantes de los brazos, las orejas, las pestañas.
Pequeños símbolos negros de mi boca muda,
de mis ojos grandes, de mis palmas quietas hacia arriba,
de la indefensión de mi ombligo.

Te estampo en la cara exclamaciones de tinta roja,
sellos inequívocos de mi furioso desconcierto.

Te escabulles cuando intento coser tus palabras y tus gestos
para dar forma humana al tejido de nuestra historia.

No salgo de mi asombro.
Cierro puertas y ventanas a mi alrededor.
Y te espío por un agujerito de mi alma, de reojo,
entre los dedos, como a las agujas.

No quiero saber de ti, nada más.
Ya tengo todas tus dudas en una cajita.

Necesito saber.
Pero no hay testigos, ni pruebas, ni huellas.
No tengo corazonadas, ni pistas, ni certezas indemostrables.

Las cosas como son, no me contarás.
No sabré más que este escalofrío de no saber quién eres
o quién quisiste ser cuando confiaba en ti.

Cuando deje de temblar, podré mover las bisagras;
dejar que entre la luz y mirar de frente sin creer ya
que detrás de unos ojos transparentes podría,
aún allí, esconderse la mentira.