23.6.09

Silencio: poeta

¿Las oís? Shhhh... están ahí...
No, no... más atrás.
Atrás de los sonidos. ¿Las oís?
Sí. Son las palabras sonoras,
produciendo la magia de las coincidencias
por sobre el indignante desencanto.
Son las palabras vibrantes,
haciéndote cosquillas detrás de las rodillas.
Son las palabras,
cantoras,
las que dibujan en las yemas
de tus dedos alegrías.
Son ellas ¿las oís? las melodías.

21.6.09

De alguna manera

No. No estoy de acuerdo. No es descarado lo mío. No es verdad. No es delirante creer y querer creer. No es justo que los que creen sean víctimas de los que se hacen creer. No es cierto que sean víctimas, pero sí.
No concedo el derecho al desencanto como justificación. No hay peor defensa para la inacción. Hay que encontrar el modo.

15.6.09

Agua

Vuelve a llover y vuelve a costarme dejar la silla y el teclado.
Intenté seducirme con lecturas interesantes, mantas frescas y cómodas almohadas, pero alguna convulsión emocional me impide dar por terminado el día, el fin de semana, la semana, ¿el año?
Llueve con fuerza. Truena. Algún relámpago cruza el cielo de vez en cuando. No a todos nos suena igual la lluvia, ni al mismo tiempo. Hay quienes reciben la brisa fresca enredados en las sábanas. Hay quienes han puesto trancas en las ventanas para no oír, oler ni palpar. Hay quienes duermen ya y no saben que llueve sobre sus cabezas. Hay otros tan conscientes de la lluvia que no podemos dejar de velar su sinfonía.
Y todo está bien si todo está bien. No te diré cómo empaparte bajo el chaparrón. No acepto reglas para escribir mi partitura mojada. La tierra absorbe con igual avidez el agua que resbala por mis piernas y la que se escurre por tus cristales. Mis pestañas mojadas permanecerán insomnes, tus sueños girarán vertiginosos. Y todo está bien si todo está bien.

8.6.09

2.6.09

A contraluz

Cada día es más difícil arrastrar tu figura lejos de las sombras. Se ha apagado tu fuente, se han acabado tus ganas de verme.
Cada vez estás más lejos. No viajas para abrazarme. No sueñas conmigo; duermes.
Cada día tus muecas son más odiosas. Te aburre mi voz. Te asquea mi risa. Te falta el deseo de esperarme.
Te escurres entre mis dedos, arena; y no vuelves transformado en caracola.
No voy a guardarte el sitio. Sacudo tus huellas de mi manta y la doblo prolijita, para llevarla en la mochila.
Mientras me alejo, las olas de la orilla me acarician el pelo, en despedida.
El calor del sol se pone a mis espaldas. El día se va. Se termina el verano y empieza a refrescar.